Julian Barnes
|
Tienes que registrarte para añadir el autor |
Primera línea: El otro día descubrí una posibilidad alarmante.
Primera línea: Seis norteafriacanos jugaban a la petanca al pie de la estatua de Flaubert.
Primera línea: Sucedió en medio de la guerra, en un andén tan plano y polvoriento como la interminable llanura que lo circundaba. El tren parado había salido dos días antes de Moscú, rumbo al este; le quedaban dos o tres más de trayecto, dependiendo del carbón y de los movimientos de tropas.
Primera línea: Recuerdo, sin un orden concreto: – la reluciente cara interior de una muñeca; – el vapor que sube de un fregadero mojado cuando jocosamente se introduce en él una sartén caliente; – gotas de esperma alrededor de un desagüe, antes de que las engullan las largas tuberías de la casa; – un río que fluye absurdamente cauce arriba y los rayos de media docena de linternas que lo persiguen e iluminan su chapoteo y sus ondas; – otro río, ancho y gris, y el viento recio que agita su superficie y encubre la dirección de su flujo; – agua de bañera que se ha enfriado hace mucho detrás de una puerta cerrada con llave.
Primera línea: Stuart Me llamo Stuart y lo recuerdo todo.
Primera línea: ¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión. Puedes puntualizar –certeramente– que no lo es.
Primera línea: Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia. La gente quizá no lo advierta en el momento, pero no importa. El mundo ha cambiado, no obstante.